Y cuando Sally vio a Lewis, su cara se iluminó. Hacia mucho tiempo que no sentía tanta felicidad. Hacia mucho tiempo que no se veían. Y es que por unos instantes el tiempo se detuvo; en silencio y con el corazón acelerado se acercaron. Se abrazaron durante unos minutos, sin decir nada, sintiendo solo ese cariño, esa paz.
Sally se dio cuenta de lo mucho que le había echado de menos, lo había amado intensamente, en silencio, y siempre que lo recordaba se ponía triste. Triste al pensar lo cobarde que había sido de no demostrarle sus sentimientos a tiempo y dejar que él se marchase, lejos a hacer su vida.
Lewis sintió una felicidad inmensa al ver a Sally, para él, ella fue un referente a seguir, siempre había sido una chica ejemplar, y hubiese deseado, algunas veces, parecerse, ni que fuese un poco a ella.
Y porque negarlo, la había amado, aunque con un total silencia, avergonzado quizás, de desear a una heroína como ella, creyendo, tal vez, que era imposible que Sally, la gran Sally, pudiera llegar a fijarse en un chico como él.
Hablaron intensamente durante varios minutos, había pasado mucho tiempo, y sus vidas habían sufrido varios cambios. Evidentemente no todos buenos, aunque si como poco, interesantes.
Se sentaron en la terraza de un café cerca de
Mientras Lewis había pasado parte de ese tiempo viajando por el mundo, sin hacer nada, bien, si, había pasado todo ese tiempo viviendo. Sally había estado forjando su futuro, estudiando y trabajando a la vez, para conseguir el empleo que ahora tenia, ser gerente de una multinacional.
Al hablar con Lewis, Sally se dio cuenta de que su vida, aunque fuese aparentemente perfecta, no era vida.